jueves, 6 de febrero de 2014

NO ES UN BULEVARD, ES CAPITALISMO

Hamburgo, Burgos, Melilla y otros focos de tensión social se están avivando en este principio de 2014, del mismo modo que a finales de 2013 resonaban las luchas de Brasil, Chile, Grecia, Egipto….

¿Se trata de una casualidad? ¿De acontecimientos aislados sin conexión alguna? Evidentemente no. A principios del siglo XXI con un mundo globalizado bajo el prisma del turbocapitalismo más senil y carroñero de todos los tiempos, se está produciendo un repunte continuado en el aumento de los conflictos sociales, que si bien responde a causas concretas y específicas de cada contexto no dejan de estar motivados por cuestiones estructurales y sistémicas de mayor calado.

Muchas de estas causas profundas aluden a cuestiones económicas de uno u otro modo (la represión social y urbanística contra el centro okupado Rote Flora en Hamburgo, la construcción despilfarradora y mafiosa de la corporación municipal burgalesa o la segregación urbana de las comunidades suburbiales de la ciudad autónoma) no pueden desligarse de otras explicaciones más globales de carácter socio-cultural e ideológico. Ligado a los procesos privatizadores y a las contrarreformas y los recortes, viene unido un incremento de la represión institucional del estado contra todo movimiento que discrepe de sus líneas y plante cara a la injusticia social y al control disciplinario y mediático. Los jerarcas del capitalismo mundial: grandes corporaciones multinacionales, bancos, cajas de ahorro, agencias de seguros e inmobiliarias entre otros, apoyados en los gobiernos títere vendidos a las dinámicas del mercado, se sirven por un lado de la manipulación mediática y la criminalización de los movimientos sociales, y por otro, del uso monopolístico de la violencia y la instrumentalización interesada de la opinión pública, inmersa en cuestiones superficiales y a la que no interesa abrir los ojos ante los acontecimientos que se producen.

Cortinas de humo, maximización de incidentes, silenciamiento de la verdad y censura mediática se conjugan con el control de las comunicaciones y con la acometida gradual, vía jurídico-legal y punitiva, contra la población que entiende la necesidad de resistir y luchar. El aumento de multas, sanciones e identificaciones no es sino la punta del iceberg de un entramado legislativo y mediático del estado policial que trata de blindar el sistema vigente del neoliberalismo plutocrático.

No hay que olvidar que este sistema guarda siempre varios ases en la manga, entre ellos el recurso y la complicidad con el nazifascismo, tolerado y fomentado por el aparato represor a diferencia del trato vejatorio y no pocas veces inhumano que reciben los movimientos sociales antifascistas y revolucionarios, los espacios okupados y en general la ciudadanía concienciada y realmente progresista en su más estricto sentido etimológico. Con todo ello, no quieren sino hacer que cunda el miedo y la inacción entre el pueblo, para poder ahora más que nunca con la excusa de la “crisis”, apretar las tuercas a unas ya de por sí subyugadas clases populares.

Mientras se diluye el mito de la tan manida “clase media”, que no era sino el estrato social perfecto para el mantenimiento de “su” paz social y el sofocamiento de la resistencia, muchos y muchas desencantadas se dan de bruces con una realidad que les parecía hasta hace pocos años totalmente ajena y en muchos casos superada. No era así. 
Despertad de vuestro sueño, las migajas del poderoso no pueden ser el objetivo del futuro, debemos recuperar lo que es nuestro y situar la acción política y cultural en plena calle, a través de asambleas de barrio y en establecimientos productivos y de servicios instituidas de manera autogestionada, sin líderes y fundamentadas en el consenso real y la participación no delegada. Solo así, autónomamente y sin dependencia alguna con respecto a lo institucional (partidos, sindicatos, movimientos reformistas y baile de siglas del instrumentalizado “post 15M”), será posible dar la vuelta a un sistema cainita y autodestructivo que no hace sino ahondar en las diferencias sociales y perseguir a quien denuncia sus ataques y atrocidades.

Los últimos sucesos del barrio obrero burgalés de Gamonal, los de St. Pauli, Altona y Sternschanze en Hamburgo y los de las barriadas de Reina Regente, los Cuernos y la Cañada de Melilla no son incidentes aislados, son conatos de revueltas en zonas concienciadas y hastiadas por el sistema hasta tal punto que no ven otra alternativa que salir a la calle a defender su dignidad y derechos. Únete a la resistencia contra la dictadura del estado y el capital.

Autor: CSO Kike Mur 
http://okupa.noblezabaturra.org/comunicados/

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