martes, 25 de junio de 2013

Traición




Sobre centenares; ejércitos diezmados; almas cortadas a miles, despedazadas bajos sus pies. Roja guadaña fuertemente aferrada por sus enormes garras hiende el aire desmembrando de igual manera cuerpos y moral.
Su pérfida sonrisa muestra el muro blanquecino y lechoso colmado de colmillos, lengua viperina que asoma entre ellos y saborea las gotas de sangre que su cara han osado tocar.

Esos ojos sin vida se clavan en el joven guerrero que ahora sube la montaña de cuerpos mutilados en busca de su minuto de gloria, y su más que probable muerte. 

La afilada hoja vuelve a surcar el aire partiendo en dos el cuerpo del guerrero y apagando un poco más si cabe el coraje de los que aguardan el combate.

El rey de la montaña ríe, sabedor que ni todos los ejércitos del mundo pueden vencerle. En su privilegiada posición sabe que poco a poco los hombres que suban a batirse con el morirán irremediablemente y la carga del bloque entero es inviable por la estrechez del camino.

Uno tras otro los guerreros perecen en manos del bárbaro demonio hasta que surgido de entre los temerosos hombres un guerrero carga a lomos de su caballo con el ímpetu y el coraje de un héroe, o un loco. Caballo y jinete son, no obstante, cercenados de nuevo. El poco valor que a los hombres les quedaba se rompe con esa última muerte y huyen en desbandada.

-         -  Has vencido de nuevo demonio. – Grita el capitán de las huestes humanas, ya solo en el campo de batalla. – Mañana proseguiremos con la batalla. Ya conoces el trato: Yo te proveo de almas humanas pero el metal y las joyas serán míos.
-         - Y tu alma capitán, tu alma también. Hoy ha sido una buena cosecha. Diez mil almas me has entregado, diez mil eternidades más para tu castigo.


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