viernes, 14 de diciembre de 2012

Deudas de sangre (i)


11 de agosto de 1945, hace dos días el infierno se desato en tierras niponas.

Lleva horas allí plantado esperando sin decir nada. No le he visto llorar, pero un hilillo de sangre resbala por su boca dejando caer, de vez en cuando, una pequeña gota que cae al suelo incinerado. Se muerde la lengua para no llorar.

Porta el cadáver de su hermano pequeño a la espalda, atado con una cuerda, lo ha estado portando dos días enteros.

Espera que los militares le den el permiso, ya no puede hacer nada por la pequeña vida de su hermano pero al menos le dará un digno funeral. Sera incinerado junto con otros habitantes de su pueblo.



Así paga el ser humano su vida, con la de los demás. Egoísmo que demanda sangre, sangre de niños, para que no tengamos que luchar con la siguiente generación..


El autor de la foto se sento con su hijo (Tyge) pasados los años en la cocina de su casa, en la mesa esta foto.
— El pequeño está muy dormido, comentó Tyge, que nunca antes había visto la foto en casa.
— No, hijo, no está dormido. Está muerto y su hermano espera para incinerarlo. Cuando quemaron el cadáver el chico mayor se hizo sangre en los labios de lo fuerte que se mordía para no llorar .
 

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