lunes, 31 de diciembre de 2012

Cenizas


De la sonrisa perlada, los rizos interminables y llenos de enredones, las manos heladas y sucias, el vestido hecho jirones. Rebuscando entre los cascotes con ansia y preocupación, su hermana llora en silencio en un rincón la desolación de un cuarto en ruinas.

Se gira y clava su penetrante mirada con ojos de canela tostada rodeados de mugre en la pequeña. – No hagas ruido tonta, nos podrían escuchar.- Enfatiza el comentario posando su sucio dedo encima de los labios. La pequeña restriega la manga de su vestido sobre los ojos y continúa llorando, de nuevo en silencio.

Los sonidos del exterior son aterradores, los gritos de agonía resuenan varias calles más abajo, las ráfagas de un arma de gran calibre cubren el sonido de las pequeñas que lidian en estruendo y potencia en busca de una victoria.

De repente el sonido de las armas cesa y un ulular como de búho se escucha tímidamente. La niña sonríe, papa ha dado muerte a los ‘malvados’. Siempre lo hace, nunca ha fallado.

La pequeña ha encontrado lo que buscaba, un pequeño peluche de color negro ceniza, está un poco roto y le falta un ojo y parte de un brazo, pero hará que su hermana se sienta más feliz. Papa está a punto de llegar para recogerlas. 

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