viernes, 16 de noviembre de 2012

Suicidio


Camina apesadumbrado y cabizbajo. Ha perdido cuanto tenía, se lo han robado todo. Obligado a ver a sus hijos dos veces por semana le acaban de sacar a rastras de su propia casa, expropiándole de la poca dignidad que le quedaba. Hace días que no come y la última vez que piso un bar acabo esposado en la trasera de un coche patrulla por alterar el orden público.
Ni siquiera las sectas absorbe vidas le han aceptado, y tan solo un joven drogadicto le hacía algo de compañía en sus noches en el cajero, sin más conversación que el castañeteo de sus dientes destrozados por la droga.
Se lo jugo todo a las máquinas tragaperras, con la absurda esperanza de obtener algo más de dinero. Vendió el alma al diablo sin recompensa alguna, sin esperanza, sin futuro.
Ayer mismo un chico inmigrante de unos treinta con el que solía sentarse en el parque se suicidó tirándose desde un piso, en su mortal aterrizaje impacto contra el carrito donde dormía un bebe, matándolo en el acto. Seguramente el no deseaba eso, pero la física no perdona y el azar quiso ser cruel.
Aquel chico le había contado que guardaba una vieja pistola bajo una piedra allá en el puente donde pasaba las noches que no podía pagarse una habitación en la casa de un desgraciado que le cobraba veinte euros por hacinarse con quince personas más en apenas diez metros de habitación.
Ahora, pistola en mano entra en el ayuntamiento de su localizad, conocedor de los turnos de los nacionales que custodian el templo de perfidia en el que se ha convertido; y abriendo rápido las puertas del despacho del alcalde apunta y aprieta el gatillo, pero no ocurre nada. La pistola no funciona, era de esperar, porque si no el chico no la uso para suicidarse.
Poco importan las risotadas del alcalde, que pasa de un rostro de terror al más cruel cachondeo. Le da igual que los dos nacionales que le custodiaban vengan a la carrera pasillo atrás. Estaba preparado...
Cuatro kilos de explosivo atados en su pecho revientan arrastrando consigo una estela de muerte y caos. El ángel vengador ha acabado con otro traidor a la humanidad, y con sus secuaces.




Desde un rincón de la estancia dos sombras guardan silencio, mientras observan los acontecimientos. La deflagración los pone al descubierto y mientras los cuerpos caen despedazados las almas, por fin ya libres del cuerpo mortal, son inmediatamente capturadas por los oscuros seres. No existe escapatoria ya que su cometido es muy claro, han jurado mantener la promesa que su señor realizo hace casi ya dos mil años. Y trasladan raudas las almas para el cuerpo más cercano recién nacido.
-Esta cambiaran los papeles - se dicen la una a la otra- tu deja al pobre diablo en una buena casa que yo tirare al gordo alcalde a los pies de una prostituta drogadicta que está dando a luz ahora mismo a las puertas de una cloaca donde pasaba los ratos que no se colocaba. – Se miran y sonríen.- Es una pena que no puedan recordar nada, pero como recuerdo le dejare también una sordera de por vida para que practique a gusto esos gestos que hacia cuando mentía a quien después pretendía robar... La justicia del señor es infinita, asi como su crueldad.

1 comentario:

  1. Tus cuentos son crueles como puñales q se clavan solo l punta y una y otra vez hasta que al final te rindes... la vida ya por si es dura y en tus relatos asi nos lo recuerdas.

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