martes, 21 de febrero de 2012

El dolor que es capaz de soportar un hombre

La garra desgarra de nuevo el torso, la sangre mana a borbotones, el mortal gime y golpea de nuevo con su lacerante espada el vientre de la bestia. Esta, sorprendida, recibe la estocada y con furia arranca otro pedazo de carne con sus despiadados dedos. Tras ello, y sin prisa aparente, propina una patada mortal al humano y este vuela varios metros hasta acabar aplastado contra una de las columnatas.

El demonio ríe, disfruta y se relame con la nueva victoria conseguida. Se acerca a su presa y la estrangula con su enorme garra. Mas no cuenta con la furia, con el dolor contenido y recibe otra estocada de la moribunda presa.

El demonio herido estalla en furia, golpea sin compasión el cuerpo agónico del mortal, lo alza sobre su cabeza y lo golpea con despiadada pasión contra el suelo. Varias costillas comprimen el pecho, una pierna rota y una gran brecha en el cráneo auguran su final. Mas el dolor que es capaz de soportar un hombre desesperado no tiene limites y vuelve a levantarse espada en mano.

Esta vez es el rayo, la venganza del viento, la sombra de los ángeles que acompañan cada uno de sus movimientos. Como un tornado, y casi medio muerto, golpea a la bestia no con la espada sino con el alma, el dolor y el miedo.

Yacen los dos muertos, ya solo la fria estancia conocera este entuerto.


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