lunes, 20 de junio de 2011

Rebelión

Sonríe a la injusticia, sabedor de que la batalla esta perdida. Herido de muerte agoniza, pierde poco a poco el ímpetu de la batalla y se sume, irremediablemente, en una triste caída al abismo, lugar donde no sera recordado.

Otros continúan la lucha; el honor de la batalla ya ha sido reemplazado, solo queda sangre y muerte; y aun así los soldados siguen cargando.

No se trata de la victoria, no existe marcha atrás, aquello que han perdido no podre ser reemplazado. Luchan por sus hijos, y por los hijos de los caídos.
Con lágrimas en los ojos, nublada la vista, sordo por el clamor de la batalla; lucha, solo, un soldado perdido. Rodeado de las huestes del averno se encuentra perdido, pero a lo lejos un niño le observa, y con sus manos sangrantes, sin aliento, con mas miedo que alma enarbola su pequeña gaita y paso firme se encamina hacia el soldado.  Sopla fuerte, con ganas, sin miedo; los muertos siembran su camino, la sangre roja de amigos y enemigos cubre un manto de victoria, y el sonido; dulce celestial, canto de victoria, llena el corazón de hombres y cadáveres, y levanta de nuevo el animo; levanta tras de si legiones de justicia.
Ya no es un niño el que toca solo, millares de ángeles entonan la canción de la esperanza, llenado de jubilo las almas, el pueblo de nuevo renovado, las almas dolientes de nuevo en marcha para la lucha.
Poco dura la esperanza, ya que un certero golpe derriba al niño; pedido el brazo, sangrante el muñón, la vida se le escapa a chorros. Aun así, hincada la rodilla en el suelo, observa como el solitario soldado prevalece ante el enemigo cruel; así pues su corazón se hincha, su única extremidad recoge la gaita, y sentado en el suelo entona de nuevo su canción.

La batalla acaba en derrota, el pueblo ha sido aplastado, pero la leyenda recorre el mundo, cantada en tabernas y casas, palacios y pesebres; pueblo a pueblo, corazón tras corazón. 
Así, y ante las huestes infernales, se presentan; no un niño; si no cientos de ellos, miles, millones. El pueblo entero en armas, gaita en mano, espada en cinto.
Donde ayer fueron veinte mil, hoy es un millón, mañana cien millones. El pueblo habla, es legión y no olvida.

3 comentarios:

  1. asi sera, lamentablemente, la unica manera de cambiar esto, espada en cinto. saliendo a la calle a tocar la cazerola, creo que no sirve mas que para eso, hacer ruido. con todos mis respetos, estais muy ilusionados con esto, y ojala no os desencanteis, pero me temo, sera inevitable.

    saludos

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  2. Los heroes y los valientes descansan y no ven su victoria

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  3. Tonterias, la historia esta llena de valientes que cayeron bajo la espada del tirano y aun asi constituyeron un arca de esperanza y poder para sus seguidores.

    No olvidemos que la iglesia mas grande el mundo esta cimentada en los huesos putrefactos de un hombre al que se le ajusticio de la manera mas vil existente.
    Y aunque los heroes son olvidadizos el ser humano necesita de ellos mas amenudo de lo que desea.

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