martes, 4 de enero de 2011

Los niños y la crisis.

Aunque sin permiso expreso por el autor quiero hacerme eco de sus palabras. Aqui queda pues:
 

Oscar Incarbone
Coordinador Internacional de la Comisión permanente de Recreación de los CPEF.

Las consecuencias que la crisis económica está dejando en los niños es definitivamente, nefasta. Nuestras criaturas miran azoradas como sus padres se empobrecen y se angustian, se desequilibran y se desorientan, se estresan y se enferman.

No comprenden, no pueden comprender, por qué casi repentinamente en sus vidas todo cambió, por qué no pueden obtener el juguete o la golosina que siempre disfrutaron, por qué la comida ya no es tan rica ni tan abundante como era, por qué no pueden seguir concurriendo al colegio que les gustaba y por qué papá y mamá, están siempre tensos y de mal humor y cada día les prestan menos atención.
Para los niños no hay respuesta posible - quizá para los adultos tampoco - que justifique este desconcertante estado de cosas, e incapaces de procesar estos terribles cambios, somatizan sus tensiones, desembocando en cuadros clínicos agudos, como lo atestiguan los médicos que diariamente ven aumentada la cantidad de pequeños pacientes en los hospitales infanto-juveniles.
Las estadísticas médicas no mienten cuando muestran un aumento significativo de las consultas por niños con desbordes emocionales, trastornos de ansiedad, crisis de angustia y crisis de excitación psicomotriz en chicos muy pequeños que no aceptan límites, que repentinamente se tiran al piso y patalean como poseídos, desconcertando a sus padres y agregándoles un pesar adicional a los que ya acumulan, por obra y gracia de la crisis que se abate sobre todos nosotros.
Por otra parte, los adolescentes - como es natural - también se ven seriamente afectados y, al desconcierto y rebeldía que son normales para esa edad, agregan crisis de pánico, violencia desmedida, desprecio por la vida propia y ajena, inclinación a las adiciones y sexualidad precoz, con su secuela de riesgos de contagios de enfermedades transmisibles y de embarazos de adolescentes casi niñas.
Lo más preocupante es comprobar que los niños asisten al derrumbe social y moral de sus padres, quienes se encuentran inmersos en los avatares de una crisis que no pueden controlar, víctimas del desempleo y la expulsión de la sociedad productiva, agobiados por las deudas y sin saber como salir, ni como avizorar un futuro, sin medir que preocupados por construir el futuro de sus hijos los están matando en el presente..
Para los niños el soporte de sus padres es fundamental, ya que ellos siempre han sido su ejemplo y su referencia, por lo que ver a sus padres endebles y temerosos, les provoca reacciones de desamparo, inseguridad y temor.
Así se están criando nuestros hijos en la actualidad, y esto no se refiere específicamente a las clases socioeconómicamente más bajas, ni a los grupos sociales marginales, sino prácticamente, a todo el tejido social.
Un ejemplo clásico es el del industrial de clase media alta, que se vio obligado a cerrar su fábrica, despedir a sus obreros, asumió deudas comerciales que hoy no puede afrontar, quiebra y se derrumba, luego de una vida entera de dedicación a construir la futura seguridad de los suyos.
En la familia de este industrial argentino, elegido como ejemplo (leading case), en pocos años todo cambió, de la creciente prosperidad, se pasó a la amenazante bancarrota. Ya no pueden sumir los gastos de un lujoso country, los autos importados y los largos viajes al exterior. La vida social con sus pares, que están en una situación similar, se resiente y los afectados se aíslan.
Aumentan el mal humor y las tensiones intra familiares, los reproches y los desencuentros. De la prospera holgura se pasó a restringir el contenido de la heladera.
Y allí, presenciándolo todo, sufriéndolo todo, están los niños, que en el caso que hemos elegido, ya no podrán seguir estudiando en colegios privados bilingües, no dispondrán de los juguetes electrónicos a los que estaban acostumbrados, no encontrarán respuestas favorables a sus demandas de solaz y diversión, y sobre todo, experimentarán la sensación de que el mundo se les vino abajo y que entre tantas pérdidas, también están perdiendo la dedicación y el amor de sus padres.
Recuerden que estamos ejemplificando el caso de una familia acomodada de la clase media superior, ahora piensen en una familia de condición humilde, cuyo padre era obrero y fue despedido de su trabajo.
Entonces el panorama es angustiante. Y recuerden que allí también están los niños - que siempre son más numerosos que en los sectores sociales con más poder adquisitivo - que lo presencian todo, lo sufren todo.
Y la gran pregunta es: si los niños de hoy están angustiados ¿qué podemos esperar de los adultos que serán mañana? La posible respuesta es ensombrecedora: Si no contamos con niños sanos e inteligentes hoy, no esperemos contar con adultos sanos e inteligentes en el futuro.
¿Qué se está haciendo desde el estado para paliar esta terrible situación? Prácticamente nada, como respuesta institucional orgánica, se podrían mencionar algunas acciones de Municipios puntuales, pero como plan estratégico global de alcance Nacional estamos sin horizontes, y sí mucho, muchísimo por la buena voluntad y el espíritu de servicio de los profesionales médicos y terapeutas que, por unas monedas, que a veces ni siquiera son monedas de curso legal, ponen todo su esfuerzo para colocar un pequeño tapón a un dique que se desborda. ¿Qué están haciendo las instituciones privadas, las intermedias y las ONG? ( organizaciones no gubernamentales). Muchos análisis, muchas teorías y casi nada en la práctica, salvo contados casos puntuales que se pierden ante la gran demanda o mejor dicho necesidad y crisis social.
Quizá por falta de recursos - ¿cuando no? - o por lo intempestivo y galopante del problema, o porque no tienen a mano una posible solución para aplicar.
Ante esta terrible realidad, la sociedad debe reaccionar y crear autodefensas, tal como un organismo infectado. Todos deberían aportar su creatividad y su esfuerzo para revertir la situación, sin banderías ni mezquindades.
¿Qué podemos hacer nosotros, los profesionales de la educación física y la recreación?. Yo creo - y lo creo sinceramente - que mucho. Podemos hacer mucho, precisamente ocupando los espacios que esta endemoniada crisis genera o deja al descubierto.
Desde ya que no tenemos una solución integral para la crisis económica - Dios sabe cuando desearíamos tenerla - pero es nuestra obligación acercar nuestro aporte posible y pertinente, que con una aplicación cuidadosa, basada en las experiencias internacionales para los niños y los adolescentes, puede resultar muy eficaz.
Y propongo que nosotros, los profesionales de la educación física y la recreación, tomemos la delantera organizando una campaña nacional - de acción, no de discursos - para paliar, desde nuestros específicos conocimientos la triste situación que hasta aquí he descrito.
Todos sabemos que cuando estamos tristes, angustiados o deprimidos, una buena válvula de escape es divertirnos, entretenernos y, aun sin muchas ganas, obligarnos a cambiar de ánimo haciendo algo tan simple como salir a caminar o encontrarse con un amigo a conversar.
Una posible alternativa, una forma de solucionar - aunque sea en parte - el angustioso problema de los niños afectados por esta tremenda crisis, es volverlos a los juegos, inducirlos y reorientarlos hacia la actividad primigenia y básica de todos los seres humanos. Al juego, ese elemento formador de mente, cuerpo y conexión social. Ese mundo maravilloso de imaginación y solaz que atesoran los niños y que no se puede reemplazar por nada. Ese entrenamiento placentero para hacerlos adultos eficientes en el mañana.
Todos los especialistas del mundo coinciden en que el juego - la actitud lúdica - es una parte indispensable del desarrollo humano, que comenzando en los primeros años de la infancia, no se debería abandonar durante el resto de la vida.
Los niños juegan espontáneamente, como una parte natural de sus conductas, juegan aun
durante situaciones muy extremas y dolorosas como la guerra, por ejemplo. Los niños necesitan jugar, quieren jugar y disfrutan jugando.
El juego los retorna a su verdadero mundo interior, el de la imaginación y de las ilusiones, los preserva del agresivo ambiente exterior y, sin aislarlos, los rodea de una atmósfera protectora, que neutraliza, al menos por un tiempo, las angustias, las tensiones y los miedos que el comportamiento de los adultos, hoy tan alterado, les puedan infundir.
Nosotros, los profesionales del mundo de la actividad física y de los juegos sabemos mucho sobre esto, y creo que llegó la hora de que pongamos nuestro talento al servicio de la comunidad. Y nada mejor que brindar ese servicio a través de los niños, en busca de un doble propósito:
Primero, aliviar la angustiosa confusión de los niños y segundo, aliviar la estresante sensación de impotencia de los padres para mantener a sus hijos sanos y felices.
Es posible que esta parezca una contribución pequeña, pero estoy convencido de que si todos juntos no proponemos llevar adelante este plan, la contribución resultará sorprendentemente grande.
Para ello debemos ocupar todos los espacios físicos que nuestro entorno nos permita: parques, plazas, edificios públicos, colegios, escuelas, bibliotecas, cines, teatros, locales comerciales o galpones, pueden ser la sede básica donde se reciba a los niños y se les induzca a jugar creativa y alegremente durante algunas horas. Bajo la atenta vigilancia de los profesionales, que deberán contenerlos, alentarlos y proporcionarles las ideas y los elementos básicos para el propósito que se busca. Se trata de aportar a la creatividad y transmitirles seguridad.
Este plan que, aunque masivo no exige grandes inversiones, dado que opera sobre lo ya existente, si requiere del apoyo imprescindible de la prensa, que con un par de notas en las revistas y diarios principales y alguna aparición en televisión, producirá una convocatoria masiva, base del éxito del proyecto.
Y, por supuesto, también requiere del apoyo desinteresado de las autoridades de la nación, o las provincias.
Algún día la crisis actual habrá pasado y ya no será necesario asistir a los niños con juegos cooperativos, juegos inclusivos para el, sus pares y porqué no para su familia toda, inducidos para calmar sus angustias. Pero el juego subsistirá, inducido o no, porque así es el designio natural de la vida.

Los niños jugarán, simplemente porque son niños, jugarán por que les gusta... simplemente, ¡jugarán por jugar!

Y una para llorar:
http://www.ascodevida.com/Trabajo/535485

3 comentarios:

  1. Y eso que paso en nuestros primos los Argentinos nos ocurre ahora a nosotros.

    Hasta cuando la sociedad va a aguantar, hasta cuando nuestros hijos tienen que sufrir.
    Digamos un BASTA rotundo y metamosles un gol a estos politicos nefastos que nos gobiernan NEGANDONOS A VOTAR EN LAS PROXIMAS ELECCIONES. Negandonos a pagar impuestos. Pero TODOS EN MASA.

    Somos mas de 40 millones de españoles, y eso son muchas personas.

    Mi mas profundo desprecio a los gobernantes y a aquellos que se meten en politica para vivir bien.
    Hijos de puta!

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  2. ya sabes que eso de no votar no ocurrira nunca, porque somos tan ingenuos los españoles que pensamos que el va a entrar es menos hijo puta que el anterior, y siempre nos equivocamos.

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  3. Anónimo6/2/11 15:27

    El tema de los juegos en los niños es más importante de lo que parece. Sabes bien de lo que se habla ya que tu lo has vivido. No se necesitan grandes cosas para hacer feliz a los niños, basta con un poco de atención, instrucción, cariño y mucha entrega. Eso si, ha de ser de forma voluntaria, cuando se está cobrando un dinero para jugar con ellos, ya se pasa al otro bando EL QUE SE APROVECHA DE LA SITUACIÓN. Besos

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