jueves, 11 de junio de 2009

Una tarde de Verano


El mar golpea suavemente las rocas amontonadas bajo la atenta mirada del sol. La brisa suave enreda su pelo y acaricia sus mejillas.
Piel clara, azúcar en los mofletes y un precioso vestido blanco. No puede apartar la vista del gran azul, observando calmada como sus aguas se balancean de un lado a otro.
En su mano porta, como si de espada de luz se tratase, un cucurucho de rica galleta capitaneado por sendas bolas de helado de chocolate. Lo ha mordido varias veces, pero ya lo tiene olvidado, sus manos impregnadas del oscuro liquido así lo indican.
Sus padres, a escasos metros, ríen sobre un colchón blanco, sobre una cama de forja, bajo una cortina que impide que el sol los queme, ríen y la miran, mientras ella sigue observando el mar.
La música suave la tiene trasportada, sumida en un bonito sueño de paz y tranquilidad.
Sus padres la llaman, cantando dulcemente su nombre, entonando la bonita canción que solo unos padres pueden entonar. Ella se gira, los mira, su padre degusta de nuevo un largo trago de su refrescante bebida, su madre alza los brazos hacia ella, divertida corre hacia ellos dejando caer, por el camino, una de las bolas de chocolate.

Se para, mira la bola y en su mirar pasea su vista por el local, unas chicas jóvenes se bañan tranquilamente en una pequeña piscina, un grupo de chicos las mira, mientras animados comentan, una pareja cogidos de la mano se miran en silencio, su perro, tumbado bajo un arbusto jadea sin tregua, sus padres de un blanco absoluto la siguen llamando…
Sus pies recorren en estrecho trozo que de ellos la separan, cabizbaja y enfadada por su perdida, su padre sonríe, la mira y llama a otro señor de blanco, el cual, tras breves minutos le trae otro cucurucho. Vuelve a tener un estupendo helado en su mano, que esa vez no olvida, levanta la vista y sonrie...



3 comentarios:

  1. Jajajaja, sorprendiendo siempre.

    Fintas en las fintas de las fintas de las fintas.

    A disfrutar que llega el veranico!

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  2. Anónimo14/6/09 0:17

    Dulce cuento,siempre la mirada de los padres, alienta la ilusión de un hijo.

    Dulce helado, que en un solo momento, consigue que se le olviden las penas a un hijo.

    Dulce momento, el del reencuentro de unos padres con su hijo.

    Dulces los amores de los padres y el hijo.

    No nos olvidemos nunca, que la sonrisa de un niño no tiene precio.

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  3. Por desgracia si que la tiene, la de la mia cuesta 1 euro (el helado), o 2.5 (una bolsa de juguetes) o 5 (la pala y el rastrillo en el chino de turno).
    Pero ojala fuera tan facil y tan barato hacer sonreir a veces a los adultos..

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