sábado, 24 de enero de 2009

Tercer dia.

Hora es de terminar mi historia...
Era ya el tercer día de mi asfisiante carrera por llegar donde los mios moraban. Pase la ultima loma, que oculta el valle donde se encuentra mi pueblo, cuando la sorpresa se cernió sobre mi. Allá en el valle seres demoniacos, de horribles semblantes y cuerpos deformes defendían el estrecho camino que daba al lugar donde mi gente se encontraba, de unos seres de brillante armadura y blanca piel. Tan sangrienta era la batalla que los cuerpos se encontraban por doquier, y allí donde uno caía dos aparecían para sustituirle. Ese angosto camino era pues el que yo debía atravesar si deseaba encontrarme con mi familia.
Y así lo hice. Recogí una horrible espada, que atravesaba el cuerpo de una víctima de esa masacre, y sin pensarlo dos veces comencé mi sangriento camino, lento pero firme fui sesgando una tras otra la vida de los seres que conmigo se cruzaban. Sin importar el bando, pues supuse a todos enemigos, pinche, clave, corte y sesgue todo lo que pude. Los gritos de ánimos de unos y de horror de otros invadían mi cuerpo, llenandome de ira y furia. Por cada mandoble que lanzaba una vida extinguía, y mi espada, brillante arma letal, parecía que con cada cuerpo que tocaba mas energía me proporcionaba.
Fue tal la masacre, fue semejante la sangría que produje, que cuando quise darme cuenta no quedaba ser en pie. Ángeles y demonios caídos se arremolinaban a mi alrededor. Mi espada brillaba como sol de verano y mi fuerza vital, multiplicada por diez, me pedía mas y mas cadáveres.
Ignorando eso me abalance a la carrera a la plaza del pueblo, y fue tal mi estupor que todavía no lo creo. Allí se encontraban los mios, alabando en una orgía de cuerpos desnudos, a un ser enorme que parecía complacido por sus agasajos.
Me encendí en una furia incontenible, y como hacia pocos minutos había hecho, arremetí contra mi propia gente.
Todavía escucho sus gritos, todavía veo su sangre derramada, todavía pesan sus muertes sobre mi conciencia. Así pues pues asesine a lo que quedaba de la raza humana, dado que los otros ya hace lustros dejaron de serlo, y así pues asesine a mi mujer y mi hija.
Horrorizado y exhausto, clave mi espada sobre el ultimo cuerpo y jure, jure como no lo había hecho en mi vida.
- ¿Que has hecho hijo mio? -Dijo una voz. - ¿Que has hecho monstruo?
Mire hacia el cielo, donde la gran sombra, y allí vi claramente el semblante de dios.
- Lo que tu me has obligado a hacer - grite - Buscabas enfrentarte a la humanidad, a la que dejaste de lado. Nos convertisteis en nuestros propios verdugos, nos dejaste en el olvido Y AHORA VIENES A POR NUESTRAS ALMAS??!! - Exclame - Tomalas pues, tomalas de mi mano y de mi espada, pues ya no quedan en otro lugar..
Terminadas mis palabras, y viendo que el ser no respondía ni tenia intención de hacerlo, desplegué mis alas y alce el vuelo.. Aun quedaba un enemigo en pie.

3 comentarios:

  1. La desolacion, la destruccion de la raza humana es algo a lo que estamos predestinados.
    Todos los seres tienen un principio, y todos los seres tienen un fin..

    Pero una vez mas... esto no es mas que un cuento.


    Por cierto, llegamos a los 100km/h de viento hoy en zgz.. Creo que se me (o es mese.... xddd) han volado las ideas... a dormir.

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  2. Catastrofico final. ¿Qué vas a hacer tú solo, como representante de esa HUMANIDAD ? Espero que en tus próximos cuentos quede por lo menos una mujer, para poder seguir la estirpe, por muy mala que sea.
    Pero no dejes de escribir estos cuentos, que aunque algunos son raros de entender, no dejo de entrar para leerlos.

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  3. rHombre, en teoria no soy yo. Pero lo que es claro es que el protagonista pierde la humanidad que le queda.. triste final para una raza que quizas no debio existir...

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